Mujeres frente al espejo

Les comparto el emotivo video, resultado de mi proyecto D´espejo, donde reuní varias mujeres y sin que supieran las sorprendí con esta dinámica. Espero que haya sido una gran experiencia y una terapia para todas, y que sirva también para reflexionar sobre nuestra propia mirada en el espejo, tan diferente de la mirada con la que vemos a otras.

HABITAR NUESTRO CUERPO

El cuerpo, y sobre todo la imagen corporal configuran la identidad.  La existencia humana se da a través de la corporeidad, es decir, nos relacionamos con el mundo a través de nuestro cuerpo, somos nuestro cuerpo. Pero la dicotomía entre cuerpo y mente, nos hace separar lo material del cuerpo de nosotras mismas, de nuestra mente. Diferenciamos cuerpo y alma o pensamiento. Como dos máquinas distintas, una visible, la otra interior invisible. Pensando como fotógrafa, cuando hago un retrato, solamente puedo retratar la parte visible y material pero también la puedo usar para interpretar y representar la parte subjetiva.

Considero que todo cuerpo es artístico, todo cuerpo es bello, porque es único y al mismo tiempo, comparte cada elemento que lo hace cuerpo, todas compartimos el mismo cuerpo y al mismo tiempo cada uno es diferente e irrepetible. Todo cuerpo es bello, pero lo hemos censurado y lo concebimos como un objeto modificable, mejorable. Y la separación que hacemos de esa idea de nosotras mismas, nos hace percibir nuestro cuerpo como si fuera casi un adorno ajeno o complemento de nosotras, o solamente el medio físico para lograr la imagen que deseamos. Además, el medio en el que vivimos, nos bombardea con ideas sobre el cuerpo ideal-objeto, reforzando ésta concepción de que el cuerpo es modificable a nuestro gusto, un punto de partida para lograr el que se desea. Podemos mantener la idea de que somos más que nuestro cuerpo, pero eso no quiere decir que debemos ignorarlo o percibirlo solo como un objeto que podemos cambiar. Porque considerarlo ajeno a nosotras nos hace infelices al no ser capaces de modificarlo a nuestro gusto, incluso nos peleamos con nuestro cuerpo y llegamos a odiarlo por no cumplir con las expectativas que tenemos, en vez de aceptarlo y apreciarlo, lo consideramos defectuoso, ocultando todos esos llamados defectos, que no son más que procesos normales, y lo auténtico de nuestro cuerpo. Normalizamos e idealizamos esa imagen falsa del cuerpo y rechazamos justo lo que es normal, lo que nos hace auténticas.

Usamos nuestro cuerpo pero no somos nuestro cuerpo. Vemos nuestro cuerpo pero no habitamos nuestro cuerpo. Podemos darnos cuenta cuando decimos tengo un cuerpo, y no, soy un cuerpo.

Pienso que es la era en que más conscientes estamos de nuestro cuerpo y una de las razones es que tenemos más referencias que sólo el espejo para mirarnos. Con los retratos en redes y el celular nos observamos constantemente, estamos más conscientes de nuestro cuerpo que nunca,  pero no quiere decir que nos aceptemos, al contrario, nos comparamos, se nos juzga, nos juzgamos, y negamos nuestro cuerpo constantemente. Sobre todo cuando la mayoría de esos retratos están llenos de filtros y modificaciones, se refuerza esa imagen falsa e idealizada y la objetivación del cuerpo.

Además como mencionaba, vivimos en la era del consumo, el cuerpo también suele ser considerado mercancía, se vende ese cuerpo deseado, estamos como en escaparate, y se nos vende la posibilidad de cambiarlo y modificarlo para poder ser plenas,  se nos presiona para tener un cuerpo que entre en lo cánones de belleza, y esto repercute en sentirnos  insatisfechas, incompletas, a constantemente querer mejorarlo, como cualquier otro objeto consumible. Se nos ofrece la idea de cambiar el cuerpo que tenemos, no de aceptar el cuerpo que somos.

El cuerpo cambia, crece, enferma, engorda, adelgaza, envejece, pero negamos estos procesos naturales y nos enfocamos en “perfeccionarlo”, muchas veces forzándolo o lastimándolo, como objeto, cosificándonos.

Sobre todo las mujeres, vivimos en este tiempo de escaparate, de mostrarnos, y al mismo tiempo somos incapaces de mirarnos, de aceptar nuestro cuerpo.  Justo desde el momento en que tomamos consciencia de nuestro cuerpo, en la adolescencia, lo rechazamos, y lo negamos. Es cuando empiezan los problemas de inseguridad y la lucha y búsqueda por un cuerpo ideal, negando el real y muchas veces sufriéndolo. En este sentido la imagen corporal se vuelve más importante que el cuerpo en sí.

Todas nacemos con un cuerpo desnudo, que tapamos y adornamos dependiendo de lo que queramos proyectar, cuando quitamos esos adornos quedamos vulnerables y vale la pena explorar con libertad esa vulnerabilidad con amor y aceptación. Cuando estamos desnudas, estamos sin máscaras, frágiles, auténticas, refleja nuestra esencia, en mi opinión esa es la verdadera belleza del cuerpo, y todas la tenemos cuando estamos libres de pretensiones y tal cual como somos. No quiere decir que andemos desnudas por la vida, pero creo que es necesario ser capaces de mirarnos a nosotras mismas con libertad y aceptación. Es muy triste saber que incluso en la intimidad, no conocemos nuestro propio cuerpo, ni nos atrevemos a observarlo, y menos a aceptarlo. No somos capaces de sentirnos bien cuando estamos conscientes de nuestro cuerpo. No nos damos cuenta, que nosotras somos nuestro cuerpo y debemos valorarlo y honrarlo tal cual, es el punto de partida para relacionarnos libre y auténticamente con el mundo.

Por eso me parece importante reconciliarnos con nuestro cuerpo, aceptarlo con sus cambios y diferencias. La fotografía, desde mi punto de vista, puede mejorar esa relación con nosotras mismas, porque puede ser terapéutica cuando la dedicamos a una exploración de lo auténtico y bello de cada cuerpo, cuando nos observamos de manera distinta al espejo, en las diferencias, en la diversidad y desde diferentes perspectivas. Porque si es cierto que la fotografía de retrato usa estereotipos, también puede romperlos.

AFECTOS, NO DEFECTOS

Las mujeres solemos tener una relación difícil con nuestro cuerpo, nos preocupamos todo el tiempo por “perfeccionarnos” y buscamos la aprobación de los demás, sin darnos cuenta de nuestras verdaderas virtudes y lo valiosas que somos. La imposición de estándares corporales son parte de nuestra cotidianidad, se nos presiona desde niñas a vernos bien, a diferencia de los niños, lo podemos notar en los cumplidos que hacemos a pequeñas y pequeños: qué bella, es una princesa, es preciosa, es hermosa… a diferencia de los cumplidos a los niños: qué valiente, es muy travieso, qué listo, es muy intrépido, etc. No es de extrañarse que las mujeres estemos más preocupadas de cómo nos vemos que de quienes somos. En realidad, es mucho lo que se nos enseña y se promueve. Estar al pendiente de nuestra apariencia nos hace incluso compararnos constantemente con otras mujeres y deprimirnos por no “encajar en el molde” Es necesario cambiar nuestras propias percepciones personales para convertirnos en mujeres seguras y aceptarnos como tal y como somos.

Como fotógrafa de retrato, sobre todo boudoir, y antropóloga, la inseguridad ha sido evidente en cada sesión, y me ha motivado a tratar de cambiar perspectivas y fortalecer la autoestima de las mujeres, reflexionando y realizando proyectos artísticos como “afectos, no defectos”. Con el propósito de enaltecer todos los cuerpos y fomentar el amor propio, invité a participar a diferentes mujeres convocadas al azar en redes. Sin conocer a la mayoría en persona, invité a participar a doce mujeres, que lo único que sabían es que les haría fotos, grupales e individuales, para promover la diversidad de cuerpos reales, con tema “body positive”, y que su vestuario sería únicamente su ropa interior negra. Nos reunimos todas en mi estudio sin conocernos y comencé con las fotos grupales, yo incluida también en las fotos. Al principio todas estaban nerviosas, sobre todo al quitarse la ropa, pero poco a poco el mismo ambiente se volvió relajado. Todas se dieron cuenta que el mismo sentimiento era igual par todas, estar en traje de baño o ropa interior no solo nos hizo sentir al principio muy expuestas, sobre todo por estar entre desconocidas, también nos hacía sacar a la luz las partes del cuerpo que normalmente queremos ocultar, esos llamados “defectos”. Pero la intención de hacer las fotos nos dio valor y nos hizo sentir cómodas entre nosotras y con nuestro cuerpo mientras nos divertíamos.

Cuando llegó el momento de las fotos individuales, las fui pasando una por una a mi estudio y les pedí que me mostraran su peor defecto, me llamó la atención que no dudaron en mencionarlo, incluso me nombraban dos o tres más. Pero cuando les pregunté por sus virtudes les costó bastante más trabajo y normalmente las virtudes no las mencionaban como una parte del cuerpo, a diferencia de los defectos. Una por una platiqué con ellas sobre ese “peor defecto”, les hice ver que cada uno de esos llamados defectos, era un motivo de agradecimiento, algo único en su cuerpo que contaba una historia de vida, a veces incluso de supervivencia. Tan personal y digno de amarse como la mejor virtud en su cuerpo. Les entregué una rosa y les expliqué que cada rosa es un regalo a ellas mismas y en especial a ese “defecto”, y les pedí que se regalaran esa rosa y se dedicaran algunas palabras de reflexión y reconciliación con esa parte de su cuerpo. Así convertimos los defectos, en afectos.


Cada retrato que hice ese día registra ese momento en que se reconciliaron con su nuevo afecto regalándose una rosa, y quedaron también las palabras por escrito. Acción y palabras de amor a ellas mismas que quedan en estas fotos y que espero inspiren a más mujeres a darnos cuenta que lo que consideramos un defecto en nuestro cuerpo, tiene una historia y una razón y que es digno de nuestro amor, nos hace únicas, nos hace sobrevivientes, nos hace fuertes, nos hace mujeres reales y bellas. Más que defectos, si acaso son efectos… del tiempo, de la maternidad, de una enfermedad que lograron superar, de un accidente que sobrevivieron… Por eso para mí, el cuerpo no tiene defectos, solo debe tener afectos. Esa cicatriz se vuelve un afecto que te recuerda que estás viva, esas estrías son efecto de crecer. A veces nos obsesionamos con pequeños detalles y nos volvemos nuestro peor juez, cuando es justo ahí donde radica nuestra verdadera belleza y autenticidad, donde podemos encontrar lo que hemos superado, la fortaleza y maravilla de nuestro cuerpo, porque cada parte de él cumple un cometido en nuestra vida, solamente hay que aprender a valorarlo. Desde mujeres con celulitis, cejas tupidas, acné, enfermedades, cicatrices, etc. El proyecto hace visibles las realidades de la diversidad, para dejar de satanizar y llamar “defectos” a nuestras diferencias. Ya que siempre recibimos un bombardeo de información sobre cómo “perfeccionarnos”, nos cosificamos nosotras mismas y con esto nuestra autoestima se viene abajo. Empecemos con nuestra propia aceptación y a naturalizar y normalizar justo lo que es normal como celulitis, acné, estrías y todos los tipos de figuras y caras. Celebremos nuestras diferencias, démonos cuenta que todas somos valiosas y bellas, con nuestras únicas características. Aceptémonos con libertad y enaltezcamos nuestro cuerpo. Porque hace falta reconciliarnos con el espejo. No dediquemos un día más a odiar nuestro cuerpo, hagamos a un lado la autopercepción negativa y atrevámonos a ser nosotras mismas sin compararnos ni juzgarnos. Celebremos el hecho de ser mujeres y démonos cuenta que todas tenemos el cuerpo ideal mientras tengamos corazón. Convirtamos todos nuestros defectos en afectos y comencemos hoy el reto de aceptarnos y amarnos a nosotros mismos sin condiciones.