Mujeres frente al espejo

Les comparto el emotivo video, resultado de mi proyecto D´espejo, donde reuní varias mujeres y sin que supieran las sorprendí con esta dinámica. Espero que haya sido una gran experiencia y una terapia para todas, y que sirva también para reflexionar sobre nuestra propia mirada en el espejo, tan diferente de la mirada con la que vemos a otras.

HABITAR NUESTRO CUERPO

El cuerpo, y sobre todo la imagen corporal configuran la identidad.  La existencia humana se da a través de la corporeidad, es decir, nos relacionamos con el mundo a través de nuestro cuerpo, somos nuestro cuerpo. Pero la dicotomía entre cuerpo y mente, nos hace separar lo material del cuerpo de nosotras mismas, de nuestra mente. Diferenciamos cuerpo y alma o pensamiento. Como dos máquinas distintas, una visible, la otra interior invisible. Pensando como fotógrafa, cuando hago un retrato, solamente puedo retratar la parte visible y material pero también la puedo usar para interpretar y representar la parte subjetiva.

Considero que todo cuerpo es artístico, todo cuerpo es bello, porque es único y al mismo tiempo, comparte cada elemento que lo hace cuerpo, todas compartimos el mismo cuerpo y al mismo tiempo cada uno es diferente e irrepetible. Todo cuerpo es bello, pero lo hemos censurado y lo concebimos como un objeto modificable, mejorable. Y la separación que hacemos de esa idea de nosotras mismas, nos hace percibir nuestro cuerpo como si fuera casi un adorno ajeno o complemento de nosotras, o solamente el medio físico para lograr la imagen que deseamos. Además, el medio en el que vivimos, nos bombardea con ideas sobre el cuerpo ideal-objeto, reforzando ésta concepción de que el cuerpo es modificable a nuestro gusto, un punto de partida para lograr el que se desea. Podemos mantener la idea de que somos más que nuestro cuerpo, pero eso no quiere decir que debemos ignorarlo o percibirlo solo como un objeto que podemos cambiar. Porque considerarlo ajeno a nosotras nos hace infelices al no ser capaces de modificarlo a nuestro gusto, incluso nos peleamos con nuestro cuerpo y llegamos a odiarlo por no cumplir con las expectativas que tenemos, en vez de aceptarlo y apreciarlo, lo consideramos defectuoso, ocultando todos esos llamados defectos, que no son más que procesos normales, y lo auténtico de nuestro cuerpo. Normalizamos e idealizamos esa imagen falsa del cuerpo y rechazamos justo lo que es normal, lo que nos hace auténticas.

Usamos nuestro cuerpo pero no somos nuestro cuerpo. Vemos nuestro cuerpo pero no habitamos nuestro cuerpo. Podemos darnos cuenta cuando decimos tengo un cuerpo, y no, soy un cuerpo.

Pienso que es la era en que más conscientes estamos de nuestro cuerpo y una de las razones es que tenemos más referencias que sólo el espejo para mirarnos. Con los retratos en redes y el celular nos observamos constantemente, estamos más conscientes de nuestro cuerpo que nunca,  pero no quiere decir que nos aceptemos, al contrario, nos comparamos, se nos juzga, nos juzgamos, y negamos nuestro cuerpo constantemente. Sobre todo cuando la mayoría de esos retratos están llenos de filtros y modificaciones, se refuerza esa imagen falsa e idealizada y la objetivación del cuerpo.

Además como mencionaba, vivimos en la era del consumo, el cuerpo también suele ser considerado mercancía, se vende ese cuerpo deseado, estamos como en escaparate, y se nos vende la posibilidad de cambiarlo y modificarlo para poder ser plenas,  se nos presiona para tener un cuerpo que entre en lo cánones de belleza, y esto repercute en sentirnos  insatisfechas, incompletas, a constantemente querer mejorarlo, como cualquier otro objeto consumible. Se nos ofrece la idea de cambiar el cuerpo que tenemos, no de aceptar el cuerpo que somos.

El cuerpo cambia, crece, enferma, engorda, adelgaza, envejece, pero negamos estos procesos naturales y nos enfocamos en “perfeccionarlo”, muchas veces forzándolo o lastimándolo, como objeto, cosificándonos.

Sobre todo las mujeres, vivimos en este tiempo de escaparate, de mostrarnos, y al mismo tiempo somos incapaces de mirarnos, de aceptar nuestro cuerpo.  Justo desde el momento en que tomamos consciencia de nuestro cuerpo, en la adolescencia, lo rechazamos, y lo negamos. Es cuando empiezan los problemas de inseguridad y la lucha y búsqueda por un cuerpo ideal, negando el real y muchas veces sufriéndolo. En este sentido la imagen corporal se vuelve más importante que el cuerpo en sí.

Todas nacemos con un cuerpo desnudo, que tapamos y adornamos dependiendo de lo que queramos proyectar, cuando quitamos esos adornos quedamos vulnerables y vale la pena explorar con libertad esa vulnerabilidad con amor y aceptación. Cuando estamos desnudas, estamos sin máscaras, frágiles, auténticas, refleja nuestra esencia, en mi opinión esa es la verdadera belleza del cuerpo, y todas la tenemos cuando estamos libres de pretensiones y tal cual como somos. No quiere decir que andemos desnudas por la vida, pero creo que es necesario ser capaces de mirarnos a nosotras mismas con libertad y aceptación. Es muy triste saber que incluso en la intimidad, no conocemos nuestro propio cuerpo, ni nos atrevemos a observarlo, y menos a aceptarlo. No somos capaces de sentirnos bien cuando estamos conscientes de nuestro cuerpo. No nos damos cuenta, que nosotras somos nuestro cuerpo y debemos valorarlo y honrarlo tal cual, es el punto de partida para relacionarnos libre y auténticamente con el mundo.

Por eso me parece importante reconciliarnos con nuestro cuerpo, aceptarlo con sus cambios y diferencias. La fotografía, desde mi punto de vista, puede mejorar esa relación con nosotras mismas, porque puede ser terapéutica cuando la dedicamos a una exploración de lo auténtico y bello de cada cuerpo, cuando nos observamos de manera distinta al espejo, en las diferencias, en la diversidad y desde diferentes perspectivas. Porque si es cierto que la fotografía de retrato usa estereotipos, también puede romperlos.

PRESIÓN SOCIAL DE LA MUJERES EN INTERNET ¿Esta mal verte sexy?

Como fotógrafa de boudoir y retratos sensuales, constantemente me enfrento con las inseguridades de mujeres que deciden pedirme un servicio. A pesar de ser ellas las que contratan sus fotos, que suelen ser como regalo a su pareja o algunas veces también como regalo a ellas mismas, es sorprendente el grado de negatividad respecto a su cuerpo y, hacerse fotos parece ser muchas veces casi un sacrificio en vez de  ser un regalo. El simple hecho de agendar una sesión va cargado de miedos y expectativas (“cuando baje de peso”, “cuando me haga tal operación”, “cuando haga más ejercicio y esté más fit”, etc.), peticiones especiales (“…pero me quitas lonjas”, “me retocas las arrugas”, “me quitas tal cicatriz”),  justificaciones (“es que no me gusto, pero es un regalo porque cumplo tantos años”, “aunque no soy fotogénica, es para mi marido”, “me lo pidió mi novio”, “no soy vanidosa, pero me dijo una amiga que sería divertido”), y preocupaciones (¿y si se nota el Photoshop?, ¿y si me juzgan?, ¿y si me veo mal? ¿y si no le gusta a mi pareja? ¿y si me veo vulgar?).  Todo esto siempre hace que el día de la sesión se postergue, tome muchas horas de mensajes con dudas o simplemente no llegue, pero cuando llega, lo maravilloso de estas fotos es que siempre logran subir la autoestima; al menos de momento, porque durante la sesión y con el resultado sin retoque, se sorprenden de lo que significa explorarse y verse en una faceta íntima o sensual a través de la cámara, siempre las impacta de manera positiva.

El problema está cuando las fotos llegan a mostrarse a otros, muchas veces las devuelve a la inseguridad original. Ha pasado que después de una sesión decidan que las fotos se muestren, que las compartan, que no queden guardadas y piden ponerlas en mi página o las suben a sus redes. Pero me entristece la cantidad de fotos que tengo que quitar y de las que se arrepienten debido a celos y prejuicios. Por suerte no es todas las veces, pero nunca falta una clienta que me diga que, aunque a ella le encantaron sus fotos su marido la regañó o que ahora se avergüenza porque alguna amiga o familiar le dijo que parece prostituta, que muestra de más, que vale más como para mostrarse así, que es denigrante, que no necesita enseñar, que su cuerpo lo debería conocer solamente su esposo o incluso que hay alguna compañera de trabajo circulando sus fotos para denigrarla… Con este tipo de comentarios, es lógico que se depriman y decidan guardar o tirar las fotos. Y no importa si ellas consideran que las fotos son de buen gusto, que se perciban atractivas y nada vulgares, si alguien lo llega a opinar, parece ser la verdad absoluta y pesa más que su propia opinión, y parece ser que no tiene importancia la cámara, ni la fotógrafa, ni su propia belleza, ni que las imágenes finales sean buenas o artísticas. Una sola opinión negativa puede derrumbar lo que la sesión había logrado en cuanto a la seguridad de una mujer.

Aunado a estas experiencias debo agregar que en mi grupo en redes sociales: Lady Boudoir, donde me dedico a trabajar estos temas: intentar empoderarnos, subir nuestra autoestima, promover la diversidad de cuerpos, conocernos y reconocernos como mujeres frente al espejo y en lo social, etc; suele existir también cierta frustración. La razón principal de que el grupo exista, es que fue un desahogo personal ante la gran inseguridad de las mujeres, que ya se ha mencionado, e intentar analizar y quitar prejuicios para aumentar nuestra autoestima.

Felizmente el grupo ha crecido y ha empoderado a muchas mujeres mediante campañas, proyectos, autorreflexión, educación y concientización, pero a pesar de todo lo positivo que es el grupo, también puede llegar a ser desalentador, como cuando algunas mujeres de lo más activas que trabajan en su amor propio, se desaniman por algún comentario negativo, sobre todo de algún familiar cercano y les hace olvidar todo el discurso que se suponía las empoderaba. Recientemente, por ejemplo, hicimos un par de challenges durante la cuarentena, uno implicaba mostrarnos en lencería en un video, haciendo una actividad cotidiana y mostrando de forma divertida la diversidad de cuerpos y las diferentes bellezas fuera del estereotipo, otro se trató de recrear posters clásicos pin up con selfies o fotografías en casa. Todas las participantes estaban divertidas, felices y orgullosas de participar. Pero el problema llegó cuando algunas recibieron comentarios y críticas sobre mostrar su cuerpo, que venían sobre todo de familiares, al grado de hacerlas dudar sobre si era bueno participar en esto, porque tal vez afectaría su imagen en el trabajo o porque la lencería sólo debe verla el marido o porque no es de mujeres “decentes”; muchas veces ni siquiera notaban lo ofensivo de los comentarios porque venían acompañados al final con un: “te lo digo porque te quiero” o “te lo digo por tu bien” o “porque me preocupas”.

Tanto las campañas que implican mostrar diversidad de cuerpos como las fotos boudoir, son polémicas porque rompen estereotipos y ponen a la mujer retratada en una situación donde parece ser que la que menos derecho tendría de decidir lo que hace con su imagen o cómo se maneja es ella misma. Todo esto me ha hecho reflexionar acerca de la fragilidad del amor propio y la poca aceptación que tenemos de nosotras mismas; siempre dependiendo de la opinión de los demás, sobre todo cuando se trata de nuestra imagen y, peor si implica mostrarnos en redes sociales. También hace que me pregunte sobre el necesario “decoro on line” por llamarle de algún modo, a la presión de cómo nos mostramos que además, suele ser monitoreado y juzgado sobre todo por otras mujeres, generalmente cercanas.

Es así que llegamos a un dilema que ya se ha puesto sobre la mesa y que implica dos principales posturas: ¿Las fotos en ropa interior o sensuales “objetivizan” el cuerpo de la mujer y promueven el mismo discurso dominante sobre el género? o bien ¿la empoderan al tomar control sobre su imagen y su decisión sobre cómo quiere mostrarse? Si la primera postura es correcta querría decir que, una foto que seleccionas para mostrarte como mujer, no debe tener ningún grado de sensualidad, ni ser atrevida, pero ¿qué no a muchas mujeres nos gusta también sentirnos sexys? ¿no nos lleva al otro extremo de cuidar una imagen de mujer sumisa, humilde y recatada? Y es que mostrar el cuerpo parece ser condenado y se juzga como vulgar y además parece que se promueve la cosificación; por el contrario, si las fotos boudoir empoderan y suben la autoestima al grado de que me atrevo a considerarlo terapéutico, ¿por qué para muchas mujeres las fotos deben quedar guardadas o ser aprobadas por alguien más incluso cuando se tienen ganas de mostrarlas al mundo?

Algunos opinan que el subir fotos en las que te enorgulleces de tu cuerpo es mostrar tu vanidad, lo cual es muy condenado como mujer ya que, la sociedad promueve que debes ser bonita sin que se note, que te sabes bonita y que lo eres sin proponértelo. Pero las fotos en redes ¿qué no implican un grado de vanidad? Cuando cocinaste durante cuatro horas, cuando te arreglaste para una fiesta, cuando tu hijo sacó diez en la escuela, etc.  Las redes sociales funcionan como aparador, pero no quiere decir que nosotras seamos mercancía. Buscar validación de los demás puede ser aceptable, y puede que aumente la autoestima, siempre que no se lleve al extremo de complacer a los demás, sino de tener control sobre la propia imagen. Lo único que realmente puede aumentar la autoestima eres tú misma y tu relación contigo. Considero que el error está en basar nuestra autoestima en la cantidad de likes o la cantidad de opiniones positivas dentro o fuera de internet; entonces nos encontraremos en una constante selección, edición y performance de nosotras mismas a partir de lo que opinen los demás, buscando la perfección que de por sí se nos impone como mujeres y esto es justo lo que impide tener una autoestima sana y real, porque no pasa por nuestra conciencia, se mide por otros.

Estamos conscientes que las redes sociales tienen todo menos autenticidad en lo que se muestra y ahí tendríamos que tener claro que lo que el mundo ve de ti, lo debes controlar solamente tú, mediado por tus decisiones y satisfacción personal, no por un ideal social que debes cumplir. Se supone que las redes son divertidas, pero lo cierto es que hoy en día construyen parte de nuestra identidad y tener control de la imagen personal es importante.

Habemos quienes opinamos que las redes tienen su lado positivo, por ejemplo, lo he visto con mi grupo Lady Boudoir. Además, tienen la ventaja de que se puede mostrar que hay diferentes facetas y formas de ser mujer, se puede celebrar la sensualidad sin que implique ser vulgar o menos decente. En redes surgen términos como el “body positive” y el “body shamming” que promueven aceptación de todos los cuerpos y reprueban avergonzar a alguien por su físico. Aunque habrá opiniones sobre cómo debes mostrar tu cuerpo, eres tú quien decide escucharlas o no, y no deberían ser tan poderosas como para hacerte quitar una foto de la cual seguramente en dos días ya nadie se acordará, porque en las redes, todo es inmediato y no hay memoria.

Mientras se sigue promoviendo un sólo tipo de cuerpo en los medios oficiales (tv, cine, prensa, revistas) en las redes y la cultura “on line” existe diversidad y se puede promover el que las mujeres somos mucho más complejas, que nuestra imagen no es una sola ni es perfecta, ni necesitamos cumplir las expectativas sociales. Muchas mujeres que entran al grupo Lady Boudoir, cuando ven o participan en alguna campaña que celebra la sensualidad y la diversidad de cuerpos, cambian su idea sobre belleza, se identifican y se sienten mejor en su propia piel.

Las mujeres, cuando mostramos nuestras fotos, no siempre buscamos aceptación, muchas veces es simplemente una autoexploración, aceptación o reconciliación con nosotras mismas. Y somos igualmente dignas de respeto y valiosas nos mostremos como nos mostremos. Hace mucha falta trabajo personal frente al espejo como mujeres, que somos a las que históricamente se nos ha presionado para ser bellas. Pienso que, para llegar a un ideal de belleza más real y auténtico, debemos sentirnos y mostrarnos orgullosas tal cual somos, en todas nuestras facetas, divertirnos y explorarlas sin depender de la opinión de los demás y no continuar presionadas por los filtros adecuados y los falsos modelos para vernos más bellas y aceptables ante la sociedad.

Considero que es tal la presión y control sobre nuestro cuerpo que ni nosotras mismas nos atrevemos a conocerlo. Nos vemos sin vernos, nos presionamos y deprimimos por ideales sociales sobre cómo comportarnos y lo que debemos sentir o aparentar. Incluso el hecho de comprar una lencería, debe ir acompañada de una razón que lejos está de complacernos: vernos en ella, pensarnos bonitas, hacerlo por nosotras generalmente es lo de menos, y suele ser más bien para complacer un marido o novio. Además, la lencería se supone solo debe ser usada en la cama, como medio para seducir. Y es por esto que posar en lencería o ropa interior puede llegar a empoderarnos, porque nos terminamos observando de manera íntima y explorando nuestra propia sensualidad, que se nos tiene tan prohibida, sin el pretexto de hacerlo por y para otro.

El miedo a que nos vean imperfectas nos aprisiona en pensar en nosotras mismas solamente de acuerdo a lo que piensan los demás y el resultado es la negación de nuestro cuerpo, el delegar el control de nuestra propia imagen a la sociedad.

Dejemos de dedicar tanto tiempo y energía en buscar la perfección, a dar explicaciones de nuestro comportamiento o nuestra imagen, o cómo nos mostramos, a sentirnos insatisfechas, y desistamos de luchar entre nosotras y de juzgarnos para darnos permiso de usar nuestra imagen con libertad, de mejorar nuestra autoestima corporal y empoderarnos con nuestro propio modelo de belleza, que está justamente en ser nosotras mismas en todas sus facetas. Nuestra vida y nuestro cuerpo es nuestro y no de los demás.

AUTOESTIMA EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS

Es cierto que son tiempos difíciles, las prioridades han cambiado, algunas tenemos hijos en casa tiempo completo, algunas como yo, nos han cancelado todo el trabajo, otras tendrán que ir a trabajar con muchos cambios y dificultades, hay mucha incertidumbre sobre lo que sigue, lo que se nos espera. Tenemos que cuidarnos y aprender de los países que están saliendo de esto, ser responsables y no entrar en pánico. Definitivamente es momento de unirnos y compartir lo bueno, llenarnos de contenidos que valgan la pena y en la medida de lo posible tomar todo esto como una oportunidad para reflexionar y para fortalecer lazos con nuestros seres queridos. Es tiempo de dar sentido a la vida y al amor, que es lo único que tenemos. Una pausa que nos permite detenernos y contemplar nuestra fragilidad, que no tenemos garantías de absolutamente nada, y al mismo tiempo aprender lo fuertes que podemos ser, tener los pies en la tierra y dar tranquilidad y apoyo a nuestro alrededor, es tiempo de estar unidas.

Sé que es difícil que la situación no nos quite el sueño, que no nos baje la moral, pero creo que juntas y pensando positivo podemos en vez de hundirnos, apoyarnos, mantener la calma y sentirnos fuertes. No descuidemos nuestro propio sentir, nuestra propia autoestima, porque cuando nuestra autoestima funciona bien, podemos ser las grandes proveedoras de optimismo del planeta y ese optimismo puede mover montañas. No se trata de confiarse o no cuidarse, al contrario, la autoestima se trata de cuidarse por sobre todo a ti misma y a tus seres queridos, también nos permite ser creativas y encontrar formas de crecimiento personal.


Por supuesto que tenemos muchas cosas de las que preocuparnos, pero al mismo tiempo mucho que agradecer, grandes oportunidades y tiempo para el crecimiento personal. Es tiempo de reflexionar y pensar positivo, replantear nuestra propia existencia, aprender humildad aceptando nuestra fragilidad y darnos un respiro a nosotras y al mundo.

Cada situación es diferente y en un país como México, donde existen tantas personas sin techo y con hambre, debemos ser incluso más solidarias y estar dispuestas a ayudar. Mi intención no es hablar de política o de salud, porque no soy ninguna experta, pero me doy cuenta de que muchas de nosotras somos privilegiadas, simplemente por el hecho de tener la posibilidad de un aislamiento social, no todas las personas pueden darse ese lujo, pero pocas personas nos detenemos a agradecerlo. Juzgar a otros por lo que sucede no nos llevará a ningún lado, en cambio, podemos pensar en lo que sí podemos hacer para mejorar la situación. Yo sé qué puedo ser responsable y quedarme en casa, estar dispuesta a dar apoyo cuando se necesite en la medida de mis posibilidades, trabajar en mí misma, en mi fortaleza interior e invitar a mi familia y amigos a hacer lo mismo. Tratemos de buscar paz en vez de llenarnos de ansiedad, y aunque es un trabajo personal, podemos apoyarnos, ningún país como México para demostrar la solidaridad ante las catástrofes y lo unidos que podemos estar. Hoy a pesar de algunos estar en nuestra casa, no debemos olvidarnos de los menos afortunados.

Es curioso, pero me llama la atención que a muchas personas se les dificulta y sufren estando en casa. Para un mundo consumista y enfocado en el exterior y lo material es inaceptable quedarse en casa. Por eso, el hoy es un gran momento y oportunidad para cambiar el modelo y sistema por uno enfocado en el interior. Es necesario tener un verdadero hogar, una vida y rutina que nos traiga felicidad cada día, para que no tengamos la necesidad de tener que escapar de ella. El aislamiento social nos permite ver con claridad justo la vida que hemos construido, por eso debemos valorar y ser agradecidas por lo que ya tenemos en vez de enfocarnos en lo que queremos. La realidad de una persona es cuando se encuentra solo en su casa, y en contacto con su ser interior, sin las distracciones de las carreras diarias. Es tiempo de darnos cuenta que tal vez el plan perfecto no existe, pero a pesar de que no hay perfección ni garantías de nada en nuestro mundo, podemos apreciar quienes somos y donde estamos en este momento, agradecer y cuidar lo más importante de nuestras vidas, que no tiene que ver con lo material. Estar encerrados en casa puede ser vivido como una oportunidad o como el mismo infierno, todo depende de quienes somos y lo que hemos hecho. Pero sobre todo depende de qué damos valor.

No podemos cambiar el mundo exterior, pero podemos tomar el control de nuestro mundo interior. Crear una vida y rutina feliz e independiente del consumo. Sabemos que esto también pasará y tenemos tiempo hoy de hacer una pausa y respirar. No se trata de olvidarnos de lo que sucede afuera, se trata de tomar el control de nosotras mismas y así poder dar fuerza a nuestra familia y al exterior.

Muchas de ustedes me han compartido en el grupo de facebook lady boudoir, lo que estos días en casa les han traído, algunas como yo están aprendiendo nuevas cosas, otras aprovechando para leer todo eso que estaba pendiente, pasar tiempo con sus hijos, reforzando lazos con personas importantes, siendo más creativas en algún tipo de arte, siguiendo nuevas rutinas de ejercicio, de cuidados en la alimentación y en lo económico, arreglando su casa y espacios, deshaciéndose de lo que nos quita energía, emprendiendo nuevos negocios, etc. Como fotógrafa les propongo tomar la cámara en casa, aunque sea del celular, y tomar el hacer fotos como una terapia para la creatividad, es valioso que podamos documentar y también con tantos sentimientos a flor de piel, podemos inspirarnos en crear imágenes que sirvan como desahogo y para analizar nuestro entorno y a nosotras mismas. Muchas cosas para las que no había tiempo, hoy podemos realizarlas y encaminar el rumbo de nuestra vida con más calma escuchando nuestro interior.

AFECTOS, NO DEFECTOS

Las mujeres solemos tener una relación difícil con nuestro cuerpo, nos preocupamos todo el tiempo por “perfeccionarnos” y buscamos la aprobación de los demás, sin darnos cuenta de nuestras verdaderas virtudes y lo valiosas que somos. La imposición de estándares corporales son parte de nuestra cotidianidad, se nos presiona desde niñas a vernos bien, a diferencia de los niños, lo podemos notar en los cumplidos que hacemos a pequeñas y pequeños: qué bella, es una princesa, es preciosa, es hermosa… a diferencia de los cumplidos a los niños: qué valiente, es muy travieso, qué listo, es muy intrépido, etc. No es de extrañarse que las mujeres estemos más preocupadas de cómo nos vemos que de quienes somos. En realidad, es mucho lo que se nos enseña y se promueve. Estar al pendiente de nuestra apariencia nos hace incluso compararnos constantemente con otras mujeres y deprimirnos por no “encajar en el molde” Es necesario cambiar nuestras propias percepciones personales para convertirnos en mujeres seguras y aceptarnos como tal y como somos.

Como fotógrafa de retrato, sobre todo boudoir, y antropóloga, la inseguridad ha sido evidente en cada sesión, y me ha motivado a tratar de cambiar perspectivas y fortalecer la autoestima de las mujeres, reflexionando y realizando proyectos artísticos como “afectos, no defectos”. Con el propósito de enaltecer todos los cuerpos y fomentar el amor propio, invité a participar a diferentes mujeres convocadas al azar en redes. Sin conocer a la mayoría en persona, invité a participar a doce mujeres, que lo único que sabían es que les haría fotos, grupales e individuales, para promover la diversidad de cuerpos reales, con tema “body positive”, y que su vestuario sería únicamente su ropa interior negra. Nos reunimos todas en mi estudio sin conocernos y comencé con las fotos grupales, yo incluida también en las fotos. Al principio todas estaban nerviosas, sobre todo al quitarse la ropa, pero poco a poco el mismo ambiente se volvió relajado. Todas se dieron cuenta que el mismo sentimiento era igual par todas, estar en traje de baño o ropa interior no solo nos hizo sentir al principio muy expuestas, sobre todo por estar entre desconocidas, también nos hacía sacar a la luz las partes del cuerpo que normalmente queremos ocultar, esos llamados “defectos”. Pero la intención de hacer las fotos nos dio valor y nos hizo sentir cómodas entre nosotras y con nuestro cuerpo mientras nos divertíamos.

Cuando llegó el momento de las fotos individuales, las fui pasando una por una a mi estudio y les pedí que me mostraran su peor defecto, me llamó la atención que no dudaron en mencionarlo, incluso me nombraban dos o tres más. Pero cuando les pregunté por sus virtudes les costó bastante más trabajo y normalmente las virtudes no las mencionaban como una parte del cuerpo, a diferencia de los defectos. Una por una platiqué con ellas sobre ese “peor defecto”, les hice ver que cada uno de esos llamados defectos, era un motivo de agradecimiento, algo único en su cuerpo que contaba una historia de vida, a veces incluso de supervivencia. Tan personal y digno de amarse como la mejor virtud en su cuerpo. Les entregué una rosa y les expliqué que cada rosa es un regalo a ellas mismas y en especial a ese “defecto”, y les pedí que se regalaran esa rosa y se dedicaran algunas palabras de reflexión y reconciliación con esa parte de su cuerpo. Así convertimos los defectos, en afectos.


Cada retrato que hice ese día registra ese momento en que se reconciliaron con su nuevo afecto regalándose una rosa, y quedaron también las palabras por escrito. Acción y palabras de amor a ellas mismas que quedan en estas fotos y que espero inspiren a más mujeres a darnos cuenta que lo que consideramos un defecto en nuestro cuerpo, tiene una historia y una razón y que es digno de nuestro amor, nos hace únicas, nos hace sobrevivientes, nos hace fuertes, nos hace mujeres reales y bellas. Más que defectos, si acaso son efectos… del tiempo, de la maternidad, de una enfermedad que lograron superar, de un accidente que sobrevivieron… Por eso para mí, el cuerpo no tiene defectos, solo debe tener afectos. Esa cicatriz se vuelve un afecto que te recuerda que estás viva, esas estrías son efecto de crecer. A veces nos obsesionamos con pequeños detalles y nos volvemos nuestro peor juez, cuando es justo ahí donde radica nuestra verdadera belleza y autenticidad, donde podemos encontrar lo que hemos superado, la fortaleza y maravilla de nuestro cuerpo, porque cada parte de él cumple un cometido en nuestra vida, solamente hay que aprender a valorarlo. Desde mujeres con celulitis, cejas tupidas, acné, enfermedades, cicatrices, etc. El proyecto hace visibles las realidades de la diversidad, para dejar de satanizar y llamar “defectos” a nuestras diferencias. Ya que siempre recibimos un bombardeo de información sobre cómo “perfeccionarnos”, nos cosificamos nosotras mismas y con esto nuestra autoestima se viene abajo. Empecemos con nuestra propia aceptación y a naturalizar y normalizar justo lo que es normal como celulitis, acné, estrías y todos los tipos de figuras y caras. Celebremos nuestras diferencias, démonos cuenta que todas somos valiosas y bellas, con nuestras únicas características. Aceptémonos con libertad y enaltezcamos nuestro cuerpo. Porque hace falta reconciliarnos con el espejo. No dediquemos un día más a odiar nuestro cuerpo, hagamos a un lado la autopercepción negativa y atrevámonos a ser nosotras mismas sin compararnos ni juzgarnos. Celebremos el hecho de ser mujeres y démonos cuenta que todas tenemos el cuerpo ideal mientras tengamos corazón. Convirtamos todos nuestros defectos en afectos y comencemos hoy el reto de aceptarnos y amarnos a nosotros mismos sin condiciones.