HABITAR NUESTRO CUERPO

El cuerpo, y sobre todo la imagen corporal configuran la identidad.  La existencia humana se da a través de la corporeidad, es decir, nos relacionamos con el mundo a través de nuestro cuerpo, somos nuestro cuerpo. Pero la dicotomía entre cuerpo y mente, nos hace separar lo material del cuerpo de nosotras mismas, de nuestra mente. Diferenciamos cuerpo y alma o pensamiento. Como dos máquinas distintas, una visible, la otra interior invisible. Pensando como fotógrafa, cuando hago un retrato, solamente puedo retratar la parte visible y material pero también la puedo usar para interpretar y representar la parte subjetiva.

Considero que todo cuerpo es artístico, todo cuerpo es bello, porque es único y al mismo tiempo, comparte cada elemento que lo hace cuerpo, todas compartimos el mismo cuerpo y al mismo tiempo cada uno es diferente e irrepetible. Todo cuerpo es bello, pero lo hemos censurado y lo concebimos como un objeto modificable, mejorable. Y la separación que hacemos de esa idea de nosotras mismas, nos hace percibir nuestro cuerpo como si fuera casi un adorno ajeno o complemento de nosotras, o solamente el medio físico para lograr la imagen que deseamos. Además, el medio en el que vivimos, nos bombardea con ideas sobre el cuerpo ideal-objeto, reforzando ésta concepción de que el cuerpo es modificable a nuestro gusto, un punto de partida para lograr el que se desea. Podemos mantener la idea de que somos más que nuestro cuerpo, pero eso no quiere decir que debemos ignorarlo o percibirlo solo como un objeto que podemos cambiar. Porque considerarlo ajeno a nosotras nos hace infelices al no ser capaces de modificarlo a nuestro gusto, incluso nos peleamos con nuestro cuerpo y llegamos a odiarlo por no cumplir con las expectativas que tenemos, en vez de aceptarlo y apreciarlo, lo consideramos defectuoso, ocultando todos esos llamados defectos, que no son más que procesos normales, y lo auténtico de nuestro cuerpo. Normalizamos e idealizamos esa imagen falsa del cuerpo y rechazamos justo lo que es normal, lo que nos hace auténticas.

Usamos nuestro cuerpo pero no somos nuestro cuerpo. Vemos nuestro cuerpo pero no habitamos nuestro cuerpo. Podemos darnos cuenta cuando decimos tengo un cuerpo, y no, soy un cuerpo.

Pienso que es la era en que más conscientes estamos de nuestro cuerpo y una de las razones es que tenemos más referencias que sólo el espejo para mirarnos. Con los retratos en redes y el celular nos observamos constantemente, estamos más conscientes de nuestro cuerpo que nunca,  pero no quiere decir que nos aceptemos, al contrario, nos comparamos, se nos juzga, nos juzgamos, y negamos nuestro cuerpo constantemente. Sobre todo cuando la mayoría de esos retratos están llenos de filtros y modificaciones, se refuerza esa imagen falsa e idealizada y la objetivación del cuerpo.

Además como mencionaba, vivimos en la era del consumo, el cuerpo también suele ser considerado mercancía, se vende ese cuerpo deseado, estamos como en escaparate, y se nos vende la posibilidad de cambiarlo y modificarlo para poder ser plenas,  se nos presiona para tener un cuerpo que entre en lo cánones de belleza, y esto repercute en sentirnos  insatisfechas, incompletas, a constantemente querer mejorarlo, como cualquier otro objeto consumible. Se nos ofrece la idea de cambiar el cuerpo que tenemos, no de aceptar el cuerpo que somos.

El cuerpo cambia, crece, enferma, engorda, adelgaza, envejece, pero negamos estos procesos naturales y nos enfocamos en “perfeccionarlo”, muchas veces forzándolo o lastimándolo, como objeto, cosificándonos.

Sobre todo las mujeres, vivimos en este tiempo de escaparate, de mostrarnos, y al mismo tiempo somos incapaces de mirarnos, de aceptar nuestro cuerpo.  Justo desde el momento en que tomamos consciencia de nuestro cuerpo, en la adolescencia, lo rechazamos, y lo negamos. Es cuando empiezan los problemas de inseguridad y la lucha y búsqueda por un cuerpo ideal, negando el real y muchas veces sufriéndolo. En este sentido la imagen corporal se vuelve más importante que el cuerpo en sí.

Todas nacemos con un cuerpo desnudo, que tapamos y adornamos dependiendo de lo que queramos proyectar, cuando quitamos esos adornos quedamos vulnerables y vale la pena explorar con libertad esa vulnerabilidad con amor y aceptación. Cuando estamos desnudas, estamos sin máscaras, frágiles, auténticas, refleja nuestra esencia, en mi opinión esa es la verdadera belleza del cuerpo, y todas la tenemos cuando estamos libres de pretensiones y tal cual como somos. No quiere decir que andemos desnudas por la vida, pero creo que es necesario ser capaces de mirarnos a nosotras mismas con libertad y aceptación. Es muy triste saber que incluso en la intimidad, no conocemos nuestro propio cuerpo, ni nos atrevemos a observarlo, y menos a aceptarlo. No somos capaces de sentirnos bien cuando estamos conscientes de nuestro cuerpo. No nos damos cuenta, que nosotras somos nuestro cuerpo y debemos valorarlo y honrarlo tal cual, es el punto de partida para relacionarnos libre y auténticamente con el mundo.

Por eso me parece importante reconciliarnos con nuestro cuerpo, aceptarlo con sus cambios y diferencias. La fotografía, desde mi punto de vista, puede mejorar esa relación con nosotras mismas, porque puede ser terapéutica cuando la dedicamos a una exploración de lo auténtico y bello de cada cuerpo, cuando nos observamos de manera distinta al espejo, en las diferencias, en la diversidad y desde diferentes perspectivas. Porque si es cierto que la fotografía de retrato usa estereotipos, también puede romperlos.

GRATITUD CON HUMILDAD. Valores para reeducarnos y ser felices

El año 2020 ha sido un año difícil e inesperado para el mundo, un año de retos, pero también introspectivo y lleno de esperanza. La misma situación nos ha hecho poner en perspectiva aquellas cosas que parecían ser las más importantes como las acumulaciones materiales, el trabajo bien remunerado, los viajes y el dinero ahorrado; todo esto parece perder sentido y ha sido sustituido por valorar lo verdaderamente importante en la vida, como lo es la salud, vista hoy como la mayor riqueza, nuestra casa y la posibilidad de quedarse en ella, la familia, estar conectado con las personas a través de la tecnología sin exponerse, y las pequeñas cosas cotidianas. Nos ha permitido, también, centrarnos en el hoy y en el ahora, en vez de soñar con el futuro, tenemos únicamente el momento presente, la vida ya construida y el hogar que ya hemos formado. Este año, más que nunca, nos ha obligado a mirar al interior en vez de ver al exterior. Es por esto que tiene más sentido agradecer lo que ya tenemos y dejar de enfocarnos en lo que queremos. Es, sin duda, un golpe duro para el consumo, lo cual me parece algo muy bueno, ya que parecía regir completamente al mundo.

Sin valores como la gratitud, el respeto, la humildad o la empatía, no hay enseñanza real, ni puede existir la verdadera felicidad. Este año se ha encargado de darnos la mejor lección de vida y la oportunidad de cambiar aquellas cosas que podemos modificar, sobre todo desde el interior.

Sentirnos agradecidas no es hacer una cuenta de lo material. Es necesario un cambio de perspectiva y ejercitar la gratitud ligada a la humildad. Se trata de poder dar valor a quiénes somos y lo que tenemos, aceptándonos, apreciando las pequeñas cosas, sobre todo lo no material y reconociendo que no somos lo máximo. Por esto, es que debe estar acompañada de humildad, para reconocer y valorar lo que tenemos, con sencillez y también reconocer que todo por lo que estamos agradecidas no nos hace únicas o superiores.

Existe una gran diferencia entre dar gracias y ser agradecida. Dar gracias es una forma de demostrar una buena educación, pero esto es momentáneo. El ser agradecida perdura, y tiene que ver más con una reflexión sobre el valor de quiénes somos y lo que tenemos. Desde pequeñas nos enseñan a dar gracias en automático al recibir desde un cumplido hasta un servicio, se nos enseña a ser amables dando gracias, pero no se nos enseña a ejercitar la gratitud como valor individual o reflexión.  Al contrario, se nos enseña a compararnos y dar valor al exterior, a la belleza, lo visible y material. También se nos enseña a decir gracias a “alguien” en específico, pero no a estar agradecidas como actitud personal interior.

Desde nuestra educación en casa, también se ligan los valores como la gratitud y la humildad a la religión. Así, solemos dirigir nuestro agradecimiento a un dios o a una divinidad. Esto hace que cuando no tenemos religión no sepamos a quién o a qué agradecer. Para vivir la gratitud no es importante a quién agradecer sino por lo que estamos agradecidas. El agradecer tener vida, tener salud, o cualquier cosa sencilla como poder tomar tu café en tu jardín es llenar el corazón de gratitud sin tener que dirigirlo a alguien o algo en específico.

Es frecuente que vivamos la gratitud con culpa, debido a la manera que nos enseñaron, a través de las comparaciones. Cuántas de nosotras no escuchamos a mamá decirnos que hay tantas personas sin comer, en pobreza, para entender lo afortunadas que somos con un plato en la mesa. Recuerdo en lo personal, que en vez de sentirme agradecida, me daba mucha tristeza y culpa, incluso decía a mi madre, -pues entonces debemos hacer algo y llevarles esta comida a esas personas tan pobres porque es muy injusto que yo ya no quiera comer cuando existen personas sin posibilidad de alimento-. La enseñanza del agradecimiento no debería darse junto con la culpa. No podemos agradecer cuando sentimos culpa, porque no podemos valorar lo que nos hace sentir remordimiento. Vivir con culpa es una característica específica de nuestra sociedad, especialmente para nosotras como mujeres. Se nos enseña por un lado el valor de la humildad siendo modestas y sumisas, y por otro, agradecer en los superficial únicamente, y eso, a veces. Porque pesa tanto la idea de que la mujer debe ser modesta; cuántas de nosotras, cuando nos hacen un cumplido ni siquiera damos las gracias, es más, lo negamos, si nos dicen: qué bonita te ves, lo esquivamos negándolo. Pero al mismo tiempo, si alguna simplemente responde “gracias”, se le tacha de presumida, vanidosa y soberbia. El problema no está en la gratitud o la humildad, sino en cómo las percibimos y en que se nos enseña equivocadamente.

Agradecer a través de compararnos con los demás si puede ayudarnos a valorar lo que tenemos, pero depende de la perspectiva, por ejemplo, cuando miramos personas que tienen menos que nosotras, pero aun así, son felices. La comparación nos hace reflexionar que si tenemos más deberíamos de tener la capacidad también de ser felices. Pero no es lo mismo basar nuestra gratitud en las comparaciones con humildad, que cuando solamente nos comparamos con los que no tienen, porque tienen menos. Esto nos puede llevar a sentirnos más bien superiores, pero no agradecidas, sobre todo cuando únicamente nos basamos en la comparación material. Para una persona humilde lo económico no es la medida de todo, esto no quiere decir que entonces sea pobre, simplemente alguien humilde sabe que a veces podemos tener y otras no, y que cada persona no es más ni menos que otra. La humildad permite enfocarse en lo positivo sin orgullo, presunción o desprecio. Por eso, es necesario reeducarnos, aprender a ser agradecidas sin confundirlo ni equipararlo con vanidad, sino con humildad. Vivir sin culpa y sin comparaciones sobre lo económico, nos da libertad y la capacidad de dar valor a lo realmente importante. Y esto a su vez, nos abre la puerta para ser felices.

Aunado a la educación equivocada de los valores, el agradecimiento pareciera derivar en conformismo. Y en un mundo basado en el consumo, el conformismo es visto como el peor defecto. Pareciera que vivir agradecida por la vida que tienes te lleva a considerarla perfecta y que no necesitas más. Pero una vez más, cuando la gratitud va acompañada de verdadera humildad, podemos valorar sin dejar de esforzarnos y enfocarnos para mejorar, porque la humildad permite reconocer nuestras limitaciones y defectos, para trabajar sobre ellos. Mediocridad, sacrifico, victimismo, pobreza y conformismo parecieran ser el mensaje de la humildad, pero nada tiene que ver. La humildad es simplemente reconocer lo valiosas que somos, nuestras cualidades y lo que tenemos, sin creer que por eso somos superiores, al contrario, reconociendo también la valía de los demás.

Las personas agradecidas y humildes valoran el instante, porque saben que lo verdaderamente importante en la vida es efímero, y por eso se debe agradecer y valorar. Lo que tenemos hoy y quiénes somos hoy es único y pasajero. Hoy puedo tener salud, trabajo, dinero, pero mañana quién sabe. Incluso así, siempre tenemos algo que agradecer, la gratitud nos permite ver el vaso medio lleno y no medio vacío, sin importar la situación, incluso cuando hay días en que es más difícil que otros, podemos encontrar valía en nuestra vida. 

El agradecimiento es hoy uno de los principales valores para nuevas tendencias y formas de vivir que van en contra del consumo y la competencia, que dan prioridad a simplificar, como lo es el “minimalismo”. El movimiento minimalista quita el valor del éxito basado en las cosas materiales que acumulamos, da prioridad a lo más simple de la vida, a las cualidades significativas, a la felicidad basada en el equilibrio para ser capaces de centrarnos en lo verdaderamente importante fuera del materialismo absoluto. Su filosofía se basa en buscar la felicidad desde el interior, no en el exterior, a través de valores y tiempo dedicado al crecimiento personal, a la salud, a lo que te inspira, la creatividad, a los seres queridos, a ayudar a otros, a vivir el momento, en vez de tiempo dedicado al trabajo que no disfrutamos para la acumulación material. En lo personal, es un movimiento que he seguido desde hace un tiempo y me parece una buena alternativa para alcanzar la felicidad duradera y libertad a través del bienestar interior.

En mi grupo de mujeres, lady boudoir, hemos hecho algunas dinámicas para trabajar nuestra autoestima. Y estoy convencida que uno de los principales valores para trabajar el amor propio es la gratitud. Porque no podemos valorarnos ni apreciar nuestro cuerpo si no aprendemos a mirarnos y agradecer sin comparaciones, desde nuestra propia historia y a partir de nuestra propia imagen. En el proyecto y exposición “Afectos, no defectos”, con el propósito de enaltecer todos los cuerpos y fomentar el amor propio, invité a participar en una sesión de fotos a diferentes mujeres convocadas al azar en redes sociales, sin conocer a la mayoría en persona, y sin que ellas supieran cómo serían las fotos, una por una en mi estudio de fotografía, les pedí que me mostraran su peor defecto. Me llamó la atención que no dudaron en mencionarlo, incluso me nombraban dos o tres más. Pero cuando les pregunté por sus virtudes les costó mucho más y normalmente las virtudes no las mencionaban como una parte del cuerpo, a diferencia de los defectos. Una por una platiqué con ellas sobre ese “peor defecto”, les hice ver que cada uno de esos llamados defectos, era un motivo de agradecimiento, algo único en su cuerpo que contaba una historia de vida, a veces incluso de supervivencia. Tan personal y digno de amarse como la mejor virtud en su cuerpo. Les entregué una rosa y les expliqué que cada rosa es un regalo a ellas mismas y en especial a ese “defecto”, y les pedí que se regalaran esa rosa y se dedicaran algunas palabras de reflexión y reconciliación con esa parte de su cuerpo. Así convertimos los defectos, en afectos. La gratitud, es lo que permitió convertir los defectos en afectos, fue el enfocar la atención en dar gracias por esas partes del cuerpo y las vivencias. Valorando con aceptación no solamente ese llamado defecto, sino su razón de existir, y la historia de vida que representa. Todo lo que habían percibido negativo fue posible convertirlo en una virtud con agradecimiento y humildad. Este simple ejercicio permitió valorar muchas más cosas, no solamente en el cuerpo, sino la vida misma.

En conclusión, considero que el agradecimiento es una cualidad necesaria para alcanzar la felicidad. Porque el secreto de una vida feliz no está en apreciar solamente las cosas materiales, el futuro, los viajes, o la diversión; sino en los hábitos diarios, que desde el interior, y viviendo los sentimientos positivos de forma profunda, podemos experimentar hoy mismo y conscientemente para valorar el verdadero bienestar, alegría y abundancia de la vida.

2021, NUEVOS HABITOS Y MINIMALISMO

Más que cualquier otro año, el 2020 ha sido uno que definitivamente recordaremos como humanidad. No quiere decir que todo tenga que ser negativo, creo que este fin de año en especial, viene cargado de esperanza, de introspección, valores y consciencia por el mundo y nuestra propia existencia. Por eso creo que también nuestros propósitos este año son la oportunidad de verdaderamente hacer un cambio positivo y volver el 2021 un año en el que se cumplan y podamos ser mejores personas y más felices. La perspectiva que nos ha dado el 2020 nos ha hecho valorar la vida sencilla, a las personas que nos rodean, lo que hemos construido y a dónde vamos como ningún otro año, porque nos regaló tiempo y, al no poder salir tuvimos que mirar hacia adentro. Así que es buen momento de enfocar nuestros propósitos centrados en nuevos hábitos, en el día a día, en vez de en grandes planes a futuro sino basados en el hoy y el cambio pequeño.

Desde hace tiempo empecé un estilo de vida minimalista con mi familia, y pareciera que sabíamos que nos esperaba un año en el que justo se acomodara ese estilo de vida para poder habitar una casa en orden, con cosas que nos hacen felices y quitando el valor de lo material para centrarlo en las relaciones, en tiempo de calidad, en el instante, en ayudar y en lo esencial para ser felices. Son muchos los beneficios del minimalismo, nuestra vida cambió y nos ha ayudado a “respirar” en espacios libres de acumulaciones, a no ser consumistas, a ser sencillos de espíritu y a disfrutar como nunca de nuestra casa y en el día a día, sin presiones. Nos ha permitido disfrutar de la vida que tenemos y valoramos cada día, y no la que queremos alcanzar. Y por eso quisiera tomar algunas enseñanzas del minimalismo, esperando también les sirva en sus propósitos.

Por supuesto que el número uno es la limpieza, sacar todo lo que está acumulado, sin uso y sobrante. Eso cada año solemos hacerlo muchas personas aunque no seamos minimalistas. Les recomiendo el libro de Mary Kondo La magia del orden. Pero la limpieza en el minimalismo también aplica a relaciones y a espacios mentales. Sobre todo, creo que la perspectiva minimalista no es solamente salir de una vida consumista. Es podernos centrar en el día a día, darnos cuenta que el éxito y la felicidad no están basados en muchos viajes, restaurantes, compras nuevas, dinero… para el minimalismo el secreto de la felicidad está en construir una vida diaria disfrutable. Si lo pensamos, la mayoría vivimos con prisa tratando de alcanzar cierto “estatus” planeando viajes, deseando cosas, pero no disfrutamos el momento. Vivimos el día a día como autómatas, con el despertador, un desayuno rápido, trabajo, escuela, y en la noche cansados, a ver netflix… y así cada día, repitiendo rutinas tediosas. Por eso a veces nuestra vida puede parecer vacía, y peor si la comparamos viendo las redes y lo único que vemos son personas de viaje, disfrutando una comida en un bello restaurant, en un parque o museo, etc. Pero pensemos, eso tampoco es el día a día de nadie, son los momentos extraordinarios los que compartimos en redes, pero nadie, vive una vida así a diario, ni los más famosos o millonarios. Ellos también tienen rutinas aburridas… jajajaja Nuestras expectativas desgraciadamente se vuelve en creer que así de extraordinaria podría ser nuestro día a día, cuando la realidad es que existe la rutina. Pero, nuestra rutina no tiene por qué ser aburrida, no se trata de viajar diario, tampoco en el otro extremo, renunciar a los viajes y planes extraordinarios. Se trata de construir una cotidianidad con cosas que disfrutemos. No podemos volver cada día un día extraordinario, pero sí podemos lograr que nuestro día a día esté lleno de hábitos que nos den felicidad. Desayunar algo nutritivo sin prisas, trabajar en lo que disfrutamos realmente, aunque no nos deje tanto dinero, el tiempo y la vida que nos puede dar lo vale, cuidarnos cada día con algo pequeño como ponernos una crema de noche, 15 minutos de estiramiento, procurar algo que disfrutamos como leer, aprender, en vez de netflix, cenar en familia, disfrutar de un lunes tal como disfrutamos un domingo. Son pequeñas cosas al parecer, pero pueden hacer de la vida, una vida disfrutable llena de pequeños momentos en los que procuramos la verdadera felicidad y que nos llena cada día.

Así que saquemos de inmediato el potencial de nuestra vida para ser felices. Y el cómo es lo más sencillo de todo, empieza hoy con pequeñas cosas, pequeños hábitos que logran grandes cambios. Podemos volver esas cosas “normales” y rutinarias en algo significativo, en vez de hacer cosas cada día que no queremos. Hagamos lo que nos gusta y llenemos el día a día con cosas que tengan sentido. Porque una buena vida es una serie de buenos días diarios. Vivir una vida así, nos permite dejar de enfocarnos y soñar solamente con el futuro, disfrutar del hoy cotidiano y no sólo de los momentos extraordinarios, y no tener la necesidad de escapar de la rutina o la vida diaria, al contrario. Y lo digo por experiencia, mi mayor sueño era seguir viajando, claro que siempre lo disfrutaré, pero ya no vivo tratando de huir del caos de mi casa, la perspectiva ha cambiado. Las cosas que me encantaban de los hoteles como la limpieza y orden, una colcha esponjosa, una tina de agua caliente… al no viajar este año pudimos ahorrar un poco y comprar o construir para nuestra casa, y ahora no veo los hoteles como ese ideal, disfruto con mi cobijita en el camastro, y un baño con vino en la tarde del sábado. Porque ser minimalista no es vivir pobre, es usar el dinero con sentido que aporta a tu vida diaria. Y bueno, espero les sirva mi pensamiento y tengamos nuevos propósitos para el 2021 con hábitos que podemos comenzar a cambiar hoy para ser más felices. La vida es hoy, y hoy la podemos mejorar con un sólo pequeño hábito nuevo.

PRESIÓN SOCIAL DE LA MUJERES EN INTERNET ¿Esta mal verte sexy?

Como fotógrafa de boudoir y retratos sensuales, constantemente me enfrento con las inseguridades de mujeres que deciden pedirme un servicio. A pesar de ser ellas las que contratan sus fotos, que suelen ser como regalo a su pareja o algunas veces también como regalo a ellas mismas, es sorprendente el grado de negatividad respecto a su cuerpo y, hacerse fotos parece ser muchas veces casi un sacrificio en vez de  ser un regalo. El simple hecho de agendar una sesión va cargado de miedos y expectativas (“cuando baje de peso”, “cuando me haga tal operación”, “cuando haga más ejercicio y esté más fit”, etc.), peticiones especiales (“…pero me quitas lonjas”, “me retocas las arrugas”, “me quitas tal cicatriz”),  justificaciones (“es que no me gusto, pero es un regalo porque cumplo tantos años”, “aunque no soy fotogénica, es para mi marido”, “me lo pidió mi novio”, “no soy vanidosa, pero me dijo una amiga que sería divertido”), y preocupaciones (¿y si se nota el Photoshop?, ¿y si me juzgan?, ¿y si me veo mal? ¿y si no le gusta a mi pareja? ¿y si me veo vulgar?).  Todo esto siempre hace que el día de la sesión se postergue, tome muchas horas de mensajes con dudas o simplemente no llegue, pero cuando llega, lo maravilloso de estas fotos es que siempre logran subir la autoestima; al menos de momento, porque durante la sesión y con el resultado sin retoque, se sorprenden de lo que significa explorarse y verse en una faceta íntima o sensual a través de la cámara, siempre las impacta de manera positiva.

El problema está cuando las fotos llegan a mostrarse a otros, muchas veces las devuelve a la inseguridad original. Ha pasado que después de una sesión decidan que las fotos se muestren, que las compartan, que no queden guardadas y piden ponerlas en mi página o las suben a sus redes. Pero me entristece la cantidad de fotos que tengo que quitar y de las que se arrepienten debido a celos y prejuicios. Por suerte no es todas las veces, pero nunca falta una clienta que me diga que, aunque a ella le encantaron sus fotos su marido la regañó o que ahora se avergüenza porque alguna amiga o familiar le dijo que parece prostituta, que muestra de más, que vale más como para mostrarse así, que es denigrante, que no necesita enseñar, que su cuerpo lo debería conocer solamente su esposo o incluso que hay alguna compañera de trabajo circulando sus fotos para denigrarla… Con este tipo de comentarios, es lógico que se depriman y decidan guardar o tirar las fotos. Y no importa si ellas consideran que las fotos son de buen gusto, que se perciban atractivas y nada vulgares, si alguien lo llega a opinar, parece ser la verdad absoluta y pesa más que su propia opinión, y parece ser que no tiene importancia la cámara, ni la fotógrafa, ni su propia belleza, ni que las imágenes finales sean buenas o artísticas. Una sola opinión negativa puede derrumbar lo que la sesión había logrado en cuanto a la seguridad de una mujer.

Aunado a estas experiencias debo agregar que en mi grupo en redes sociales: Lady Boudoir, donde me dedico a trabajar estos temas: intentar empoderarnos, subir nuestra autoestima, promover la diversidad de cuerpos, conocernos y reconocernos como mujeres frente al espejo y en lo social, etc; suele existir también cierta frustración. La razón principal de que el grupo exista, es que fue un desahogo personal ante la gran inseguridad de las mujeres, que ya se ha mencionado, e intentar analizar y quitar prejuicios para aumentar nuestra autoestima.

Felizmente el grupo ha crecido y ha empoderado a muchas mujeres mediante campañas, proyectos, autorreflexión, educación y concientización, pero a pesar de todo lo positivo que es el grupo, también puede llegar a ser desalentador, como cuando algunas mujeres de lo más activas que trabajan en su amor propio, se desaniman por algún comentario negativo, sobre todo de algún familiar cercano y les hace olvidar todo el discurso que se suponía las empoderaba. Recientemente, por ejemplo, hicimos un par de challenges durante la cuarentena, uno implicaba mostrarnos en lencería en un video, haciendo una actividad cotidiana y mostrando de forma divertida la diversidad de cuerpos y las diferentes bellezas fuera del estereotipo, otro se trató de recrear posters clásicos pin up con selfies o fotografías en casa. Todas las participantes estaban divertidas, felices y orgullosas de participar. Pero el problema llegó cuando algunas recibieron comentarios y críticas sobre mostrar su cuerpo, que venían sobre todo de familiares, al grado de hacerlas dudar sobre si era bueno participar en esto, porque tal vez afectaría su imagen en el trabajo o porque la lencería sólo debe verla el marido o porque no es de mujeres “decentes”; muchas veces ni siquiera notaban lo ofensivo de los comentarios porque venían acompañados al final con un: “te lo digo porque te quiero” o “te lo digo por tu bien” o “porque me preocupas”.

Tanto las campañas que implican mostrar diversidad de cuerpos como las fotos boudoir, son polémicas porque rompen estereotipos y ponen a la mujer retratada en una situación donde parece ser que la que menos derecho tendría de decidir lo que hace con su imagen o cómo se maneja es ella misma. Todo esto me ha hecho reflexionar acerca de la fragilidad del amor propio y la poca aceptación que tenemos de nosotras mismas; siempre dependiendo de la opinión de los demás, sobre todo cuando se trata de nuestra imagen y, peor si implica mostrarnos en redes sociales. También hace que me pregunte sobre el necesario “decoro on line” por llamarle de algún modo, a la presión de cómo nos mostramos que además, suele ser monitoreado y juzgado sobre todo por otras mujeres, generalmente cercanas.

Es así que llegamos a un dilema que ya se ha puesto sobre la mesa y que implica dos principales posturas: ¿Las fotos en ropa interior o sensuales “objetivizan” el cuerpo de la mujer y promueven el mismo discurso dominante sobre el género? o bien ¿la empoderan al tomar control sobre su imagen y su decisión sobre cómo quiere mostrarse? Si la primera postura es correcta querría decir que, una foto que seleccionas para mostrarte como mujer, no debe tener ningún grado de sensualidad, ni ser atrevida, pero ¿qué no a muchas mujeres nos gusta también sentirnos sexys? ¿no nos lleva al otro extremo de cuidar una imagen de mujer sumisa, humilde y recatada? Y es que mostrar el cuerpo parece ser condenado y se juzga como vulgar y además parece que se promueve la cosificación; por el contrario, si las fotos boudoir empoderan y suben la autoestima al grado de que me atrevo a considerarlo terapéutico, ¿por qué para muchas mujeres las fotos deben quedar guardadas o ser aprobadas por alguien más incluso cuando se tienen ganas de mostrarlas al mundo?

Algunos opinan que el subir fotos en las que te enorgulleces de tu cuerpo es mostrar tu vanidad, lo cual es muy condenado como mujer ya que, la sociedad promueve que debes ser bonita sin que se note, que te sabes bonita y que lo eres sin proponértelo. Pero las fotos en redes ¿qué no implican un grado de vanidad? Cuando cocinaste durante cuatro horas, cuando te arreglaste para una fiesta, cuando tu hijo sacó diez en la escuela, etc.  Las redes sociales funcionan como aparador, pero no quiere decir que nosotras seamos mercancía. Buscar validación de los demás puede ser aceptable, y puede que aumente la autoestima, siempre que no se lleve al extremo de complacer a los demás, sino de tener control sobre la propia imagen. Lo único que realmente puede aumentar la autoestima eres tú misma y tu relación contigo. Considero que el error está en basar nuestra autoestima en la cantidad de likes o la cantidad de opiniones positivas dentro o fuera de internet; entonces nos encontraremos en una constante selección, edición y performance de nosotras mismas a partir de lo que opinen los demás, buscando la perfección que de por sí se nos impone como mujeres y esto es justo lo que impide tener una autoestima sana y real, porque no pasa por nuestra conciencia, se mide por otros.

Estamos conscientes que las redes sociales tienen todo menos autenticidad en lo que se muestra y ahí tendríamos que tener claro que lo que el mundo ve de ti, lo debes controlar solamente tú, mediado por tus decisiones y satisfacción personal, no por un ideal social que debes cumplir. Se supone que las redes son divertidas, pero lo cierto es que hoy en día construyen parte de nuestra identidad y tener control de la imagen personal es importante.

Habemos quienes opinamos que las redes tienen su lado positivo, por ejemplo, lo he visto con mi grupo Lady Boudoir. Además, tienen la ventaja de que se puede mostrar que hay diferentes facetas y formas de ser mujer, se puede celebrar la sensualidad sin que implique ser vulgar o menos decente. En redes surgen términos como el “body positive” y el “body shamming” que promueven aceptación de todos los cuerpos y reprueban avergonzar a alguien por su físico. Aunque habrá opiniones sobre cómo debes mostrar tu cuerpo, eres tú quien decide escucharlas o no, y no deberían ser tan poderosas como para hacerte quitar una foto de la cual seguramente en dos días ya nadie se acordará, porque en las redes, todo es inmediato y no hay memoria.

Mientras se sigue promoviendo un sólo tipo de cuerpo en los medios oficiales (tv, cine, prensa, revistas) en las redes y la cultura “on line” existe diversidad y se puede promover el que las mujeres somos mucho más complejas, que nuestra imagen no es una sola ni es perfecta, ni necesitamos cumplir las expectativas sociales. Muchas mujeres que entran al grupo Lady Boudoir, cuando ven o participan en alguna campaña que celebra la sensualidad y la diversidad de cuerpos, cambian su idea sobre belleza, se identifican y se sienten mejor en su propia piel.

Las mujeres, cuando mostramos nuestras fotos, no siempre buscamos aceptación, muchas veces es simplemente una autoexploración, aceptación o reconciliación con nosotras mismas. Y somos igualmente dignas de respeto y valiosas nos mostremos como nos mostremos. Hace mucha falta trabajo personal frente al espejo como mujeres, que somos a las que históricamente se nos ha presionado para ser bellas. Pienso que, para llegar a un ideal de belleza más real y auténtico, debemos sentirnos y mostrarnos orgullosas tal cual somos, en todas nuestras facetas, divertirnos y explorarlas sin depender de la opinión de los demás y no continuar presionadas por los filtros adecuados y los falsos modelos para vernos más bellas y aceptables ante la sociedad.

Considero que es tal la presión y control sobre nuestro cuerpo que ni nosotras mismas nos atrevemos a conocerlo. Nos vemos sin vernos, nos presionamos y deprimimos por ideales sociales sobre cómo comportarnos y lo que debemos sentir o aparentar. Incluso el hecho de comprar una lencería, debe ir acompañada de una razón que lejos está de complacernos: vernos en ella, pensarnos bonitas, hacerlo por nosotras generalmente es lo de menos, y suele ser más bien para complacer un marido o novio. Además, la lencería se supone solo debe ser usada en la cama, como medio para seducir. Y es por esto que posar en lencería o ropa interior puede llegar a empoderarnos, porque nos terminamos observando de manera íntima y explorando nuestra propia sensualidad, que se nos tiene tan prohibida, sin el pretexto de hacerlo por y para otro.

El miedo a que nos vean imperfectas nos aprisiona en pensar en nosotras mismas solamente de acuerdo a lo que piensan los demás y el resultado es la negación de nuestro cuerpo, el delegar el control de nuestra propia imagen a la sociedad.

Dejemos de dedicar tanto tiempo y energía en buscar la perfección, a dar explicaciones de nuestro comportamiento o nuestra imagen, o cómo nos mostramos, a sentirnos insatisfechas, y desistamos de luchar entre nosotras y de juzgarnos para darnos permiso de usar nuestra imagen con libertad, de mejorar nuestra autoestima corporal y empoderarnos con nuestro propio modelo de belleza, que está justamente en ser nosotras mismas en todas sus facetas. Nuestra vida y nuestro cuerpo es nuestro y no de los demás.

AUTOESTIMA EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS

Es cierto que son tiempos difíciles, las prioridades han cambiado, algunas tenemos hijos en casa tiempo completo, algunas como yo, nos han cancelado todo el trabajo, otras tendrán que ir a trabajar con muchos cambios y dificultades, hay mucha incertidumbre sobre lo que sigue, lo que se nos espera. Tenemos que cuidarnos y aprender de los países que están saliendo de esto, ser responsables y no entrar en pánico. Definitivamente es momento de unirnos y compartir lo bueno, llenarnos de contenidos que valgan la pena y en la medida de lo posible tomar todo esto como una oportunidad para reflexionar y para fortalecer lazos con nuestros seres queridos. Es tiempo de dar sentido a la vida y al amor, que es lo único que tenemos. Una pausa que nos permite detenernos y contemplar nuestra fragilidad, que no tenemos garantías de absolutamente nada, y al mismo tiempo aprender lo fuertes que podemos ser, tener los pies en la tierra y dar tranquilidad y apoyo a nuestro alrededor, es tiempo de estar unidas.

Sé que es difícil que la situación no nos quite el sueño, que no nos baje la moral, pero creo que juntas y pensando positivo podemos en vez de hundirnos, apoyarnos, mantener la calma y sentirnos fuertes. No descuidemos nuestro propio sentir, nuestra propia autoestima, porque cuando nuestra autoestima funciona bien, podemos ser las grandes proveedoras de optimismo del planeta y ese optimismo puede mover montañas. No se trata de confiarse o no cuidarse, al contrario, la autoestima se trata de cuidarse por sobre todo a ti misma y a tus seres queridos, también nos permite ser creativas y encontrar formas de crecimiento personal.


Por supuesto que tenemos muchas cosas de las que preocuparnos, pero al mismo tiempo mucho que agradecer, grandes oportunidades y tiempo para el crecimiento personal. Es tiempo de reflexionar y pensar positivo, replantear nuestra propia existencia, aprender humildad aceptando nuestra fragilidad y darnos un respiro a nosotras y al mundo.

Cada situación es diferente y en un país como México, donde existen tantas personas sin techo y con hambre, debemos ser incluso más solidarias y estar dispuestas a ayudar. Mi intención no es hablar de política o de salud, porque no soy ninguna experta, pero me doy cuenta de que muchas de nosotras somos privilegiadas, simplemente por el hecho de tener la posibilidad de un aislamiento social, no todas las personas pueden darse ese lujo, pero pocas personas nos detenemos a agradecerlo. Juzgar a otros por lo que sucede no nos llevará a ningún lado, en cambio, podemos pensar en lo que sí podemos hacer para mejorar la situación. Yo sé qué puedo ser responsable y quedarme en casa, estar dispuesta a dar apoyo cuando se necesite en la medida de mis posibilidades, trabajar en mí misma, en mi fortaleza interior e invitar a mi familia y amigos a hacer lo mismo. Tratemos de buscar paz en vez de llenarnos de ansiedad, y aunque es un trabajo personal, podemos apoyarnos, ningún país como México para demostrar la solidaridad ante las catástrofes y lo unidos que podemos estar. Hoy a pesar de algunos estar en nuestra casa, no debemos olvidarnos de los menos afortunados.

Es curioso, pero me llama la atención que a muchas personas se les dificulta y sufren estando en casa. Para un mundo consumista y enfocado en el exterior y lo material es inaceptable quedarse en casa. Por eso, el hoy es un gran momento y oportunidad para cambiar el modelo y sistema por uno enfocado en el interior. Es necesario tener un verdadero hogar, una vida y rutina que nos traiga felicidad cada día, para que no tengamos la necesidad de tener que escapar de ella. El aislamiento social nos permite ver con claridad justo la vida que hemos construido, por eso debemos valorar y ser agradecidas por lo que ya tenemos en vez de enfocarnos en lo que queremos. La realidad de una persona es cuando se encuentra solo en su casa, y en contacto con su ser interior, sin las distracciones de las carreras diarias. Es tiempo de darnos cuenta que tal vez el plan perfecto no existe, pero a pesar de que no hay perfección ni garantías de nada en nuestro mundo, podemos apreciar quienes somos y donde estamos en este momento, agradecer y cuidar lo más importante de nuestras vidas, que no tiene que ver con lo material. Estar encerrados en casa puede ser vivido como una oportunidad o como el mismo infierno, todo depende de quienes somos y lo que hemos hecho. Pero sobre todo depende de qué damos valor.

No podemos cambiar el mundo exterior, pero podemos tomar el control de nuestro mundo interior. Crear una vida y rutina feliz e independiente del consumo. Sabemos que esto también pasará y tenemos tiempo hoy de hacer una pausa y respirar. No se trata de olvidarnos de lo que sucede afuera, se trata de tomar el control de nosotras mismas y así poder dar fuerza a nuestra familia y al exterior.

Muchas de ustedes me han compartido en el grupo de facebook lady boudoir, lo que estos días en casa les han traído, algunas como yo están aprendiendo nuevas cosas, otras aprovechando para leer todo eso que estaba pendiente, pasar tiempo con sus hijos, reforzando lazos con personas importantes, siendo más creativas en algún tipo de arte, siguiendo nuevas rutinas de ejercicio, de cuidados en la alimentación y en lo económico, arreglando su casa y espacios, deshaciéndose de lo que nos quita energía, emprendiendo nuevos negocios, etc. Como fotógrafa les propongo tomar la cámara en casa, aunque sea del celular, y tomar el hacer fotos como una terapia para la creatividad, es valioso que podamos documentar y también con tantos sentimientos a flor de piel, podemos inspirarnos en crear imágenes que sirvan como desahogo y para analizar nuestro entorno y a nosotras mismas. Muchas cosas para las que no había tiempo, hoy podemos realizarlas y encaminar el rumbo de nuestra vida con más calma escuchando nuestro interior.